La “Gran Fuga” del fin de semana se convertirá en un lastre
más del sexenio de Enrique Peña Nieto. Algo así sería “imperdonable”, dijo el
presidente a León Krauze en entrevista. La fuga pone en entredicho la autoridad
presidencial y por supuesto la falta de control sobre su gente, con esto,
asistimos al momento justo donde queda de manifiesto la falta de capacidad y de
organización gubernamental. El presidente tiene en su gente la expresión más
pura de la impunidad y corrupción.
El Ejecutivo Federal asumió un compromiso con la nación en
torno al combate a estos dos flagelos, sin embargo, estos males se encuentran
muy enraizados en el sistema político y social de nuestro país.
El jurista Guillermo Brizio define a la corrupción como: “un
fenómeno social, a través del cual un servidor público es impulsado a actuar en
contra de las leyes, normatividad y prácticas implementados, a fin de favorecer
intereses particulares”. Peña Nieto ha insistido que la corrupción es un
problema de orden cultural y que forma parte de la condición humana.
Desafortunadamente este tipo de conductas genera un beneficio
tanto al corruptor como al corrupto, sobre todo, de tipo económico, pero
perjudica a la sociedad y a su solidez en materia jurídica y de valores; esto,
ante la magnitud de un sistema político en general poco apto al contexto social
que se vive, ante la falta de capacidad de respuesta de una autoridad rebasada
por el medio social que pretende gobernar; amén, de la oportunidad de tiempo,
espacio y facultad que se le puede otorgar al corrupto para beneficiarse de
algún puesto público. Ejemplos hay muchos.
En cuanto a la impunidad, el ex presidente Miguel de la
Madrid asintió en entrevista con Carmen Aristegui en torno a la pregunta sobre
de que si esta era necesaria para que la maquinaria en México siguiera
funcionando.
Posterior a esta afirmación el mismo ex presidente recula y
se desacredita. Dijo encontrarse convaleciendo de un estado de salud: “que no
me permite procesar adecuadamente diálogos y cuestionamientos, tal como consta
en las declaraciones difundidas por la señora Aristegui, en las que mi tono de
voz se escucha débil y confuso. Por lo que dejo en claro, que después de haber
escuchado la entrevista con la señora Aristegui, mis respuestas carecen de
validez y exactitud”
La impunidad es la falta de pena, los delitos quedan sin
castigo, claro, en el sentido jurídico de la palabra y en los ámbitos de
competencia del contexto en que se realicen. El estado de derecho debe
prevalecer, lo contrario es la debilitación del Sistema, lo que genera una
falta de credibilidad en las instituciones. La impunidad es una ofensa a las
víctimas.
Con la fuga, el Estado se ve nuevamente vulnerado, el
gobierno se haya paralizado y ha quedado desacreditado e inmerso en la
estulticia. Desde Paris el presidente señala que esta es “una afrenta al Estado
Mexicano”; claro, pero es una afrenta al Estado que él encabeza porque vulnera
a las instituciones de seguridad, lo que genera incertidumbre en la población y
pone en entredicho a nivel mundial el nombre del país logrando hasta un: ¡Se
los dije! de parte de Donald Trump; ratificando sus declaraciones peyorativas y
racistas hacia los mexicanos.
No, ya ni siquiera es la fuga, eso pasa a segundo término. El
asunto aquí es lo endeble de la constitución política y los derechos a los que
se supone el Estado debe garantizar a través de sus autoridades a la
ciudadanía. Lo imperdonable aquí es la falta de Estado de derecho, lo
imperdonable es la impunidad y la corrupción porque de otra forma no se puede
explicar el gran escape, o ¿este será una distracción?
Es cuanto
JULIUZ JUAREZ BONILLA
El autor es abogado postulante y
Asesor jurídico empresarial
Socio del colegio de abogados
“Lic. Marco Antonio Arroyo Cambero” A.C.
juliuzjuarez@hotmail.com

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